¿QUERÉS IR A LA ESCUELA?

   Un antecedente de REPENSAR LA FALCONE

   Los intentos de establecer acuerdos sobre convivencia y modalidades de cursada entre cada grupo concreto de estudiantes y quién está a cargo del trabajo en cierta asignatura, buscando darle a la presencia sistemática de todos ellos en tales días y horarios fijos un sentido que los implicados puedan hacer propio, en ocasiones, deben lidiar - entre muchos otros - con un
obstáculo que se manifiesta en expresiones sobre lo compulsivo de la presencia de las alumnas y los alumnos en la escuela.
   Yo estoy acá porque mis viejos me mandan; Si pudiera hacer lo que quiero estaría en casa; Por mí, a la escuela no vendría nunca; ¿Me preguntás qué quiero hacer? ¡Irme!; etc., son dichos que conoce cada docente que se esfuerce por incluir la voluntad de los estudiantes en la labor escolar. Según estas expresiones, a la escuela se acude por pura obligación y cualquiera que fuera dejado en paz, (como piden los chicos en el tema más conocido de "La pared", de Pink Floyd), se retiraría inmediatamente para no volver más.
   Me pareció ver ahí la acción de algún dispositivo socio-cultural que interfiere en las relaciones entre los adolescentes y sus deseos atentando contra sus posibilidades de constituirse en sujetos de sus decisiones, ya que estoy acostumbrado a verlos, EN LA ESCUELA,  reventando de risa, enamorándose, asombrándose, aprendiendo, estableciendo intensos vínculos afectivos, jugando (y no sólo aburriéndose, llorando, frustrándose, angustiándose, amedrentándose, que también). Que sean los adultos a cargo quienes asumen la responsabilidad de la escolarización de los chicos, juega su papel en el hecho de percibir, de algún modo, en ciertas circunstancias, por parte de un adolescente, que ir a la escuela es un deber que le encajaron de prepo. 

   Buscando desarticular ese dispositivo, o cuando menos mellar sus efectos, pensé unas preguntas y, en consulta con el Departamento de Orientación Educativa, realicé la siguiente encuesta en algunos cursos en el año 2011.

   (Es importante aclarar que, en ese momento, y durante algunos años, la escuela funcionó en un edificio no construido para usarse como colegio secundario, mientras se demolía el original y se construía el actual en el domicilio en que ahora estamos. Hoy la escuela tiene un promedio de 30 alumnos por aula, y entonces no llegaba a 20).


 1)      Si tus parientes te permitieran elegir y no estuviera en juego su aprobación: ¿Harías la escuela igual?
      
1° 4° (11 estudiantes): 10 SÍ; 1 NO
2° 4° (10 estudiantes): 10 SÍ
4° 4° (11 estudiantes): 10 SÍ; 1 NO                                                                  
4° 2° (13 estudiantes): 8 SÍ; 2 NO; 3 no respondieron.
4° 3° (15 estudiantes): 14 SÍ ; Uno dejó toda la encuesta sin hacer.

Para los que respondieron NO:

a)       Si tu respuesta implicara asumir NUEVAS responsabilidades en casa (limpieza, cocina, mantenimiento, etc.): ¿la mantendrías?
1°4°: SÍ (Observación: “Las hago igual”.)
4° 4°: NO
4° 2°: 2 SÍ

b)      Si tu respuesta implicara trabajar: ¿la mantendrías?
      1° 4°: NO
      4° 4°: NO
      4° 2°: 2 SÍ
   
   Entre las respuestas de 4° 3°, aunque nadie respondió que NO haría la escuela, en un caso se agregó esta observación: “Igual trabajaría”.

2)      Independientemente de los conocimientos que se puedan adquirir o no, hacer la secundaria:

a)       ¿Es una experiencia placentera?
1° 4°: 6 SÍ (con una observación: “pero muy pocas veces no”); 4 NO; 1 no sé
2° 4°: 6 SÍ ; 3 NO; 1 “No mucho”. Observaciones: “Depende de la persona”, “Masomenos” (sic).
4° 4°: 10 SÍ ; 1 NO
4° 2°: 4 SÍ ; 2 NO; 7 no respondieron.
4° 3°: 12 SÍ; 1 NO; 1 “Depende”.

b)      ¿Es una experiencia enriquecedora?
1° 4°: 9 SÍ; 2 NO
2° 4°: 7 SÍ; 2 NO; 1 “Maso”.
4° 4°: 11 SÍ  
4° 2°: 5 SÍ; 1 NO; 1 “Mayormente”; 6 No contestan.
4° 3°: 14 SÍ

c)       ¿Es una experiencia recomendable?
1° 4°: 11 SÍ
2° 4°: 9 SÍ; 1 no contesta.
4° 4°: 10 SÍ; 1 NO
4° 2°: 7 SÍ; 1 NO; 5 no contestan.
4° 3°: 14 SÍ

3)      En la escuela: ¿se aprende? 
Se dieron las siguientes posibilidades de respuesta: Un montón; mucho; bastante; algunas cosas; poco; muy poco; nada.

       1° 4°: 2 Un montón; 2 mucho; 7 bastante
       2° 4°: 4 un montón; 1 mucho; 3 bastante; 1 algunas cosas; 1 “Depende de cómo seas vos”.
       4° 4°: 2 mucho; 3 bastante; 5 algunas cosas; 1 muy poco.  
       4° 2°: 2 mucho; 4 bastante; 3 algunas cosas; 4 no respondieron.
       4° 3°: 1 mucho; 3 bastante (con la observación de alguien: “y cómo estar en el entorno, la moral”); 9 algunas cosas (con una observación: “casi bastante”); 1 poco.

   COMENTARIOS:
   
  •    De 60 estudiantes, 56 respondieron la encuesta y sólo 4 de estos respondieron que preferirían no hacer la secundaria. Con toda seguridad, puedo decir que, en al menos 3 de estos 4 casos, son respuestas de estudiantes mujeres, chicas, ¡Y EXCELENTES ALUMNAS!, según se las calificaría tradicionalmente por sus notas y cumplimiento de las normas. Y, al no tener a mano los papeles originales de las encuestas, no me animo a afirmarlo, pero creo que el otro NO, también era de alumna, y alumna buena
  • Varias/os buenas/os alumnas/os expresaron angustia y hartazgo ante el cumplimiento de las exigencias escolares. Las presentaron como exigencias incompatibles con otras actividades y quehaceres. Lo que expresaron se podría resumir en: estar bien en la escuela implica no tener tiempo libre y estar en tensión durante todo el ciclo lectivo. La mayoría de los que así se expresaron (más que nada chicas), dijeron estar sobre-exigidas en general (hermanitos, tareas domésticas, etc.). Y algunas vieron al hecho de que cualquier exigencia exterior a su persona se les convierta en auto-obligación como una incapacidad, una condena.
  • Alumnos/as de este perfil, sugirieron incluir en próximas encuestas un relevamiento de intereses extraescolares, y preguntas que apunten a constatar si los chicos pueden  asumirlos mientras cumplen con la escuela. También preguntas acerca de cómo desean que fuera la escuela.
  • En 4° 4° yo hice las preguntas a viva voz, y ellos respondieron con el número y/o la letra de la pregunta y con su “SÍ”, “NO”, y observaciones. En los demás cursos, ante las dificultades para asumir esta modalidad, copié las preguntas en el pizarrón, y pedí que en sus papeles pusieran los números y respuestas, nomás. En 4° 4°, fue donde se manifestaron las mayores molestias ante las exigencias escolares. Ese año era en este curso donde se me demandaban (sobre los contenidos de la asignatura en sí), “por qués” frecuentísimos y de todo calibre. Esto me implicaba la dificultad de satisfacer sus demandas sin establecer un ritmo de trabajo que les resultase agotador. Además, lo complejo de los temas que abordamos, según sus inquietudes nos iban guiando, creaba la apariencia de que los contenidos de la asignatura eran particularmente difíciles - si bien, luego, las consignas concretas de la prueba y otras exigencias de las que dependía la nota del trimestre los aliviaban.
  • En los demás cursos hubo diferentes cantidades de chicos que creyeron tener que copiar las preguntas aunque esto no era necesario para responder la encuesta. Mi impresión fue que esto no dependió de dificultades individuales, sino grupales. Las dificultades grupales se expresan, entre otras maneras, estableciendo un modo fragmentado de aprehender lo que suceda en el entorno, de modo relativamente independiente de las capacidades individuales.
  • Estas dificultades también se expresaron en que hubo confusión en cuanto a creer que había que elegir entre a, b y c cuando había que responder las tres, y cosas por el estilo. Algo de esto podría atribuirse a las limitaciones del borrador de encuesta en sí, pero como fue el mismo para todos, algo están diciendo las diferentes maneras de “resolverlo”.
  • El curso con mayores dificultades grupales históricas fue aquel en el que algunos prefirieron no hacer la encuesta y otros no respondieron algunas preguntas.


  

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